La palabra coca, proviene del vocablo aymara q’oka que significa alimento para los trabajadores, por miles de años ha sido un elemento fundamental en la vida cotidiana y los rituales religiosos de muchas de las culturas indígenas de Sudamérica. Masticadas con cal, que sirve como catalizador, sus hojas liberan una leve dosis de alcaloide, mitigando el hambre, el dolor, la sed, e incluso abasteciendo algunas vitaminas de otra manera ausentes en la dieta del indígena de las alturas.
Una leyenda peruana cuenta la historia de mama Killa, la diosa de la luna, que esparció el arbusto sagrado en lugares cálidos por órdenes del sol, Inti, de tal manera que sus hojas pudieran aliviar la fatiga y el hambre de su pueblo elegido y les diera fuerza.
Bajo el gobierno de los Incas la coca era reverenciada como un regalo de los dioses y su producción y distribución eran controlados estrictamente por el Estado.